¿Cómo hacer frente a la subida del tipo de interés y la inflación?

Hace unas semanas introdujimos la posibilidad y los conceptos de la subida de los tipos de interés a raíz de la inflación. Pero una vez se ha confirmado nuestra predicción de una subida inicial del 0’25%, debemos plantearnos sintéticamente el siguiente escenario: ¿Qué efecto tendrá esta subida de los tipos de interés sobre el consumidor y las PYMES? ¿Cómo podemos protegernos?

Préstamos e hipotecas

En el anterior post ya mencionamos como el tipo de interés se podría definir como “el precio del dinero”, por lo que será fundamental cuando vayamos a adquirir dinero: cuando pidamos un préstamo.

Es por ello que los primeros en notar esta subida serán los deudores de préstamos hipotecarios con interés variable, quienes verán recalculadas sus cuotas por el hecho de haberla referenciado a índices como el euríbor, conllevando un aumento de los intereses a pagar.

Por otro lado, y en el mismo sentido, será más difícil acceder a una hipoteca a tipo fijo, puesto que a las propias entidades bancarias les costará más conseguir ese dinero. El interés que las entidades deberán pagar al BCE a la hora de solicitar un crédito para prestar será superior, coste que se trasladará al cliente.   

Ante esta situación, nuestra conclusión es enfrentarse a ella como una oportunidad dónde puede ser el momento ideal para amortizar el capital pendiente de pago de los préstamos de los que seamos deudores; todo ello para evitar este escenario y eliminar un “gasto” recurrente que en época de crisis puede ser clave y que puede incrementarse sustancialmente como consecuencia de la subida de los tipos de interés.  Considerando que no será el mejor momento para adentrarse en un préstamo, hipotecario o no.

Consumo

Al fin y al cabo, la subida de los tipos de interés no es otra cosa que la respuesta que da el Banco Central Europeo a la devaluación del dinero, a la inflación. Es por ello que nos vemos obligados a analizar los efectos a los que nos conducirá este panorama.

A raíz de la inflación los costes de producción y de materias primas se incrementarán; con un euro se podrán comprar menos bienes y servicios que los que se podía hace un año. Es por ello que muchas familias, para no ver comprometida su estabilidad económica, deberán enfrentarse de la siguiente manera: o bien afrontar esta subida de precios mediante el uso de sus ahorros o bien deberán analizar qué gastos pueden llegar a ser prescindibles para poder hacer frente a los más esenciales.

Además, esta inflación combinada con una subida de los tipos de interés, conllevará que el mismo razonamiento para pedir préstamos hipotecarios se trasladará a los préstamos al consumo: financiar una compra ya no será tan atractivo ni tan accesible.

Por lo que en conclusión no recomendaríamos solicitar préstamos para el consumo, sino hacer frente a estos gastos o bien con parte de los ahorros o bien evitando gastos no esenciales.

Ahorro e inversión

Parece que en este apartado podemos aportar un poco de luz en medio de lo que parece la oscuridad. Bajo nuestro punto de vista, los ahorradores se podrán ver beneficiados de la subida de los tipos de interés: la subida de los tipos de interés también conlleva que la retribución de los depósitos a renta variable se vaya a ver, con toda probabilidad, incrementada.

No obstante, no debemos olvidar que las subidas del tipo de interés se hacen como reacción a una inflación, por lo que si el interés que nos dan es por ejemplo de un 3% pero una inflación del 8%, el resultado será que el dinero ahorrado realmente se devaluará un 5%. Por lo que sirviendo como un instrumento para paliar la inflación, puede no ser el más idóneo mientras los niveles inflacionistas sean tan elevados.

Es por ello que en relación con los ahorros podemos extraer como conclusión que es una buena alternativa recurrir a valores refugio, quienes pueden verse afectados a corto plazo pero que en cinco años vista sus valores se habrán incrementado y habrán servido para poner a cubierto esos ahorros que podían verse amenazados por la inflación. ¿Qué se consideran valores refugio? Los expertos consideran como clásicos el oro o el franco suizo, dónde en épocas de dureza económica saben resistir con cierta estabilidad

Como alternativa y, como ya hemos introducido, una decisión más conservadora es dedicar estos ahorros a saldar deudas cuyos intereses se podrán ver incrementados en un futuro inminente.

Efecto en las empresas

Prima facie puede parecer que entre las empresas y las familias hay una diferencia sustancial que conllevaría una mejor resistencia para las empresas en detrimento de las familias: Las familias con carácter general no verán incrementado su salario, pero las empresas sí repercutirán la inflación y los costes que se puedan derivar en el precio final de sus productos.

El problema de este razonamiento es que este incremento del precio destinado a satisfacer el aumento de los costes (que no a aumentar el beneficio de la sociedad), desincentivará la compra de estos productos y servicios finales: las familias acortarán sus vacaciones o reducirán los regalos, y las empresas prescindirán de productos o servicios de los que el mercado les imposibilita extraer un rendimiento suficiente. Por lo que una subida de precios no siempre conlleva una subida de facturación.

Una vez clarificado que la subida de tipos y la inflación afectará por igual a las empresas, consideramos extrapolables las conclusiones a las que hemos llegado en las secciones de préstamos, ahorro e inversión. Pero cabe señalar ciertos matices específicos:

  • En el caso de existencias en stock: Cuando los costes de producción se hayan elevado, será un buen momento para liberarlas y vender estos bienes que fueron producidos a un coste inferior al que resultaría de producirlos durante el momento de subidas de precios.
  • En relación con la subida del precio final: Al aumentar los costes, puede resultar tentador aumentar proporcionalmente el precio final del producto, el problema es que esto conllevará reducir la competitividad y, por ende, reducir el número de clientes y facturación. Es por ello que bajo nuestro punto de vista, aquellas empresas que tengan un margen de beneficio suficiente deberían (más allá de reducir costes) reducir este margen para poder subsistir con éxito a esta convulsa situación económica, y mantener e incluso atraer los clientes.
  • En relación con las compañías inmobiliarias: se abre una cuestión relacionada con su operativa: ¿es un buen momento para comprar bienes sin necesidad de recurrir a créditos hipotecarios? Lo cierto es que los activos inmobiliarios pueden suponer un refugio en contra de la inflación, en tanto que es un activo que siempre existe, que si es residencial siempre se necesita, y que la rentabilidad que proviene de los alquileres está muchas veces ligada a índices inflacionistas: Cuando sube el IPC con carácter general sube la renta a cobrar. Por lo que podríamos concluir que, siempre que estemos ante precios de mercado cabales, una inversión inmobiliaria podría ser un buen resguardo.

Esta conclusión se ve reforzada por el siguiente razonamiento: si es más difícil acceder a las hipotecas la demanda de inmuebles disminuirá, por lo que de acuerdo con la Ley de la Oferta y la Demanda: los precios se reducirán.

En síntesis, podemos ver como la inflación y la subida de tipos de interés conllevarán unos efectos nada despreciables frente a los cuales, dependiendo de nuestra situación y nuestras necesidades, deberemos responder de una manera u otra.

En este punto la gran duda que se suscita es qué medidas tomará el gobierno para paliar determinados efectos. Parece que está empezando con medidas prestacionales, tales como la ayuda de 200 euros para determinados colectivos o la ampliación de becas para mayores de 16 años. Medidas que van acompañadas del cuestionamiento sobre su financiación, porque no debemos olvidar que la subida de los tipos de interés afecta a todos aquellos que necesiten de dinero prestado: incluidos los Estados.

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